Una huella silenciosa del pasado aún permanece en el corazón de Santa Cruz del Quiché. Se trata del templo parroquial de la localidad, edificado a inicios del siglo XVII con piedras extraídas de la antigua capital del pueblo quiché: Gumarcaaj, también conocida como Utatlán.

Esta acción, impulsada por los colonizadores españoles, fue parte de una estrategia para imponer la fe católica en el territorio, aprovechando los vestigios del poder político y religioso de la civilización quiché. Las piedras, arrancadas de palacios, templos y estructuras ceremoniales mayas, fueron reutilizadas para levantar el nuevo símbolo del dominio español y cristiano en la región.

El templo, que aún se conserva en pie, no solo representa un edificio religioso, sino también un testimonio material del choque cultural entre el mundo indígena y el europeo durante la conquista.

Actualmente, tanto el templo como las ruinas de Gumarcaaj son considerados sitios de gran valor histórico y cultural para Guatemala, reflejo de una historia marcada por la resistencia y transformación de los pueblos originarios.