En el camino que conecta Ciudad Vieja con Escuintla se levanta el Cerro Mirandilla, también conocido como Tres Picachos, nombre que proviene de las formaciones que se distinguen en su cima. Este lugar ha sido, desde tiempos antiguos, un punto rodeado de misticismo, historias y tradiciones que lo han convertido en parte del imaginario popular.
Según los relatos de los pobladores, el cerro es resguardado por un ser sobrenatural con apariencia animal, encargado de proteger las riquezas que, se cree, guarda en su interior. Antiguos documentos, como el “Título de Alotenango” de 1566, lo mencionan con el nombre de El Sacrificadero, pues en aquella época era escenario de rituales y ofrendas con animales en agradecimiento a la madre tierra.

Con el paso de los años, las prácticas rituales desaparecieron, pero en su lugar surgieron múltiples leyendas. Entre ellas, la de una mujer vendedora de comida que aparece en el lugar para engañar a los desprevenidos. Quienes caen en su trampa terminan conducidos hacia una cueva donde, según la tradición oral, son transformados en animales.
Otra de las narraciones más repetidas habla de una joven de extraordinaria belleza cuyo cuerpo es el de una serpiente. Ella busca que los visitantes rompan el pacto que su padre hizo con el diablo, prometiéndoles riquezas a cambio. Sin embargo, quienes lo han intentado encuentran un destino fatal o terminan perdiendo la cordura.
El atractivo principal del Cerro Mirandilla está en la particular forma de su cima, que algunos comparan con un gorila sentado o con el rostro de una mujer mulata. A esto se suman hallazgos arqueológicos, como las pinturas rupestres encontradas en 2005, posiblemente vinculadas a la civilización olmeca.
Hoy en día, este lugar es considerado un paraíso para los aventureros, quienes lo visitan para practicar deportes extremos como la escalada y el rapel, disfrutando de su imponente paisaje rocoso y del ambiente cálido que lo rodea.